jueves, 14 de julio de 2016

El Eco científico de "El nombre de la rosa"


Siguiendo en mi línea de escribir al son de mis inquietudes, me gustaría compartir con ustedes algo que se me ha ocurrido en los últimos días. Os cuento: El pasado 19 de febrero falleció el escritor italiano Umberto Eco e inmediatamente mi padre me invitó a leer “El nombre de la rosa”, para muchos, su obra cumbre. Ya había tenido la oportunidad de leerle con “El cementerio de Praga”, el cual me gustó mucho. Quizá porque la historia está ambientada en la segunda mitad del siglo XIX, una época en la que Europa era un hervidero. El protagonista asiste a momentos históricos como la unificación de Italia o el fin del Segundo Imperio Francés y aparecen personajes reales de la talla de Giuseppe Garibaldi, Sigmund Freud o Alejandro Dumas, algo que suele atrapar y ayuda a entender muchas cosas al leer una novela de Historia.


Pues bien, acabo de leerme “El nombre de la rosa” y he de confesar que no me ha gustado tanto como esperaba. Me parece una creación literaria de una intelectualidad muy lejos de mi alcance. Lo que sí he podido observar es las muchas alusiones científicas que hace el autor. A pesar de que la novela gira en torno a un ambiente religioso, el protagonista, Guillermo de Baskerville, un detective inglés del siglo XIV y antiguo inquisidor, hace una grandiosa exposición del método científico, poniendo en práctica el razonamiento deductivo para resolver los crímenes que suceden.

Sean Connery interpreta a Guillermo de Baskerville en la película basada en la novela.

Hasta en treinta y ocho ocasiones aparece la palabra ciencia, veamos algunos ejemplos (NOTA: no son spoilers). En cuanto a la situación de la ciencia en la época dice esto:

“La juventud ya no quiere aprender nada, la ciencia está en decadencia, el mundo marcha patas arriba, los ciegos guían a otros ciegos y los despeñan en los abismos, los pájaros se arrojan antes de haber echado a volar, el asno toca la lira, los bueyes bailan…”

En el siguiente fragmento, el protagonista supone un origen divino para la ciencia cuyo brazo ejecutor es el hombre. Alude a los árabes como infieles, envidiando sus conocimientos científicos, sobre todo en óptica. También hay una breve sugerencia, por parte de su pupilo, sobre la divulgación de la ciencia de la época. Su contundente respuesta hace referencia a los sectores conservacionistas dentro del seno de la Iglesia. De hecho, en un pasado, él mismo intentó sortear posibles confrontaciones al no usar unas lentes, que a buen seguro hubieran sido tomadas como algún instrumento del demonio.

― Pero hay otra magia que es obra divina, ciencia de Dios que se manifiesta a través de la ciencia del hombre, y que sirve para transformar la naturaleza, y uno de cuyos fines es el de prolongar la misma vida del hombre. Esta última magia es santa, y los sabios deberán dedicarse cada vez más a ella, no sólo para descubrir cosas nuevas, sino también para redescubrir muchos secretos de la naturaleza que el saber divino ya había revelado a los hebreos, a los griegos, a otros pueblos antiguos e, incluso hoy, a los infieles (¡no te digo cuántas cosas maravillosas de óptica y ciencia de la visión se encuentran en los libros de estos últimos!). Y la ciencia cristiana deberá recuperar todos estos conocimientos que poseían los paganos y poseen los infieles […]

― Pero, ¿por qué los que poseen esa ciencia no la comunican a todo el pueblo de Dios?

― Porque no todo el pueblo de Dios está preparado para recibir tantos secretos, y a menudo ha sucedido que los depositarios de esta ciencia fueron confundidos con magos que habían pactado con el diablo, pagando con sus vidas el deseo que habían tenido de compartir con los demás su tesoro de conocimientos. Yo mismo, durante los procesos en que se acusaba a alguien de mantener comercio con el diablo, tuve que evitar el uso de estas lentes […] el sabio debe hacer que pasen por mágicos libros que en absoluto lo son, que sólo contienen buena ciencia, para protegerlos de las miradas indiscretas.

Aquí advierte de los peligros de que la ciencia o lo que derive de ella no sea usado exclusivamente para beneficio de la humanidad:

“[…] a menudo los tesoros de la ciencia deben defenderse, no de los simples, sino de los sabios. En la actualidad se fabrican máquinas prodigiosas, de las que algún día te hablaré, mediante las cuales se puede dirigir verdaderamente el curso de la naturaleza. Pero, ¡ay! si cayesen en manos de hombres que las usaran para extender su poder terrenal y saciar su ansia de posesión [...] El camino de la ciencia es difícil, y es difícil distinguir en él lo bueno de lo malo. Y muchas veces los sabios de estos nuevos tiempos sólo son enanos subidos sobre los hombros de otros enanos […] la ciencia no consiste sólo en saber lo que debe o puede hacerse, sino también en saber lo que podría hacerse aunque quizá no debiera hacerse. Por eso […] el sabio debe velar de alguna manera los secretos que descubre, para evitar que otros hagan mal uso de ellos.”

El propio protagonista, a pesar de ser un monje, hace uso de herramientas con una ciencia intrínseca tanto en su funcionamiento como en sus aplicaciones:

“[…] llevaba en su saco de viaje unos instrumentos que hasta entonces yo nunca había visto y que él definía como sus máquinas maravillosas. Las máquinas, decía, son producto del arte, que imita a la naturaleza, capaces de reproducir, no ya las meras formas de esta última, sino su modo mismo de actuar. Así me explicó los prodigios del reloj, del astrolabio y del imán […] fingí dormir en ciertas noches serenas mientras él (valiéndose de un extraño triángulo) se dedicaba a observar las estrellas.”

Un astrolabio es un antiguo instrumento que se usaba para comprobar la posición de los astros.

Son varias las disciplinas científicas que se nombran o se hacen uso de ellas a lo largo de la novela, tales como medicina, medicina forense, química, alquimia, botánica, risoterapia, geología, matemáticas, lógica, óptica o astronomía:

“[…] no sólo parecía contener plantas comestibles sino también albergar hierbas medicinales.”

“[…] incluso en esta estación el ojo del herbolario ve a través de las ramas secas las plantas que crecerán más tarde […] también en invierno crecen hierbas buenas, y en el laboratorio tengo otras que he recogido y guardado en frascos. Así, con las raíces de la acederilla se curan los catarros, y son una decocción de raíces de malvavisco se hacen compresas para las enfermedades de la piel, con el lampazo se cicatrizan los eczemas, triturando y macerando el rizoma de la bistorta se curan las diarreas y algunas enfermedades de las mujeres, la pimienta es un buen digestivo, la fárfara es buena para la tos, y tenemos buena genciana para la digestión, y orozuz, y enebro para preparar buenas infusiones, y saúco con cuya corteza se prepara una decocción para el hígado, y saponaria, cuyas raíces se maceran en agua fría y son buenas para el catarro, y valeriana, cuyas virtudes sin duda conocéis.”

“Sé lo que debe saber un médico, un herbolario, una persona que cultiva las ciencias de la salud humana.”

“[…] estuve buscando herbarios que me ayudasen a descubrir su composición.”

“[…] he conocido médicos habilísimos que habían destilado medicinas capaces de curar en el acto una enfermedad […] Y además para que el ánimo […] estuviese mejor dispuesto para acoger la acción corporal de la medicina.”

“[…] como los baños, la risa es una buena medicina para curar los humores y otras afecciones del cuerpo, sobre todo la melancolía.”

“[…]el herbolario y mi maestro examinaron atentamente el cadáver, con la frialdad propia de los médicos.”

“[…] rogó […] que abriese la boca del cadáver y observara la lengua. Intrigado […] cogió una espátula fina, uno de los instrumentos de su arte médica.”

“[…] cuando leemos libros de medicina siempre creemos sentir los dolores que allí se describen.”

“[…] mencionó el caso de un enfermo curado por un médico que lo había ayudado a reír.”

“Los conocimientos matemáticos son proposiciones que construye nuestro intelecto para que siempre funcionen como verdaderas, porque son innatas o bien porque las matemáticas se inventaron antes que las otras ciencias […] porque sin matemáticas es imposible construir laberintos. Por tanto, se trata de confrontar nuestras proposiciones matemáticas con las proposiciones del constructor, y puede haber ciencia de tal comparación, porque es ciencia de términos sobre términos.”

“Siempre había creído que la lógica era un arma universal, pero entonces descubrí que su validez dependía del modo en que se utilizaba […] la lógica puede ser muy útil si se sabe entrar en ella para después salir.”

“[…] por razones no sólo de estricta simetría, sino también de lógica, aquel torreón debería tener su habitación heptagonal…”

“[…]según el catálogo es la traducción de un libelo egipcio sobre la alquimia…”

“[…] yacía sobre la gran mesa del laboratorio […] los alambiques y otros instrumentos de vidrio y loza me hicieron pensar […] en el laboratorio de un alquimista […] se veía un nutrido conjunto de frascos, jarros y vasijas con sustancias de diferentes colores.”

“Las tablas astronómicas de Al Kuwarizmi, traducidas por Adelardo de Bath.”

“[…] dice que la astronomía estudia los signos del zodíaco que son mon, man, tonte, piron, dameth, perfellea, belgalic, margaleth, lutamiron, taminon y raphalut.”

“[…] había otras cosas, vasos, instrumentos de jardinería... Es una buena muestra de metalistería y de ciencia astronómica.”

“Léete algún tratado de óptica […] Los mejores son los de los árabes. Alhazen compuso un tratado De aspectibus donde, con rigurosas demostraciones geométricas, describe la fuerza de los espejos. Según la ondulación de su superficie, los hay capaces de agrandar las cosas más minúsculas […] mientras que otros presentan las imágenes invertidas, u oblicuas, o muestran dos objetos en lugar de uno, o cuatro en lugar de dos. Otros, como éste, convierten a un enano en un gigante, o a un gigante en un enano.”

“Esta es la amatista […] ésta es la calcedonia […] éste es el jaspe […] ésta, la sardónica […] éste es el zafiro […] y el berilo […] ¡Qué espléndido es el lenguaje de las gemas! […] el carbunclo, el ágata y el ónice […] el crisopacio y el jacinto.”

Tratado de óptica de Alhazen.

Existen numerosas alusiones a personajes reales. Por ejemplo, Aristóteles (384 a.C. – 322 a.C.), que fue de los primeros en advertir de la necesidad de seguir un método con un conjunto de reglas (o axiomas) que debían conducir al fin propuesto de antemano. A menudo, en la novela, se refieren a él como el “Filósofo”.

“[…] traductor del griego y del árabe, devoto de aquel Aristóteles que, sin duda, fue el más sabio de los hombres.”

“[…] lo que discutíamos era cómo se puede descubrir la verdad a través de expresiones sorprendentes, ingeniosas y enigmáticas. Y yo le recordé que en la obra del gran Aristóteles había encontrado palabras bastante claras en ese sentido.”

“Dice Aristóteles en el libro de los secretos que cuando se comunican demasiados arcanos de la naturaleza y del arte se rompe un sello celeste, y que ello puede ser causa de no pocos males. Lo que no significa que no haya que revelar nunca los secretos, sino que son los sabios quienes han de decidir cuándo y cómo.”

“[…] el propio Aristóteles había hablado de los chistes y de los juegos de palabras como instrumentos para descubrir mejor la verdad […], había hablado de esas cosas en el libro de la Poética y refiriéndose a las metáforas[…], había dicho que la risa era algo bueno, y adecuado para la transmisión de la verdad.”

“[…] Aristóteles ve la disposición a la risa como una fuerza buena, que puede tener incluso un valor cognoscitivo, cuando, a través de enigmas ingeniosos y metáforas sorprendentes, y aunque nos muestre las cosas distintas de lo que son, como si mintiese, de hecho nos obliga a mirarlas mejor, y nos hace decir: Pues mira, las cosas eran así y yo no me había dado cuenta.”

“Sin duda, si sabes, como dice el Filósofo, que el hombre, el caballo y el mulo no tienen hiel y viven mucho tiempo, puedes tratar de enunciar el principio según el cual los animales que no tienen hiel viven mucho tiempo.”

“El libro del Génesis dice lo que hay que saber sobre la composición del cosmos, y bastó con que se redescubriesen los libros físicos del Filósofo para que el universo se reinterpretara en términos de materia sorda y viscosa […] Cada palabra del Filósofo, por la que ya juran hasta los santos y los pontífices, ha trastocado la imagen del mundo.”

Guillermo de Baskerville dice ser alumno de Roger Bacon (1214 – 1294). Este filósofo y naturalista inglés puso considerable énfasis en el empirismo y es considerado como uno de los primeros pensadores que propusieron el método científico moderno. Las referencias a él, por lo tanto, abundan:

“Roger Bacon, a quien venero como maestro, nos ha enseñado que algún día el plan divino pasará por la ciencia de las máquinas, que es magia natural y santa. Y un día por la fuerza de la naturaleza se podrán fabricar instrumentos de navegación mediante los cuales los barcos navegarán […] mucho más aprisa que los impulsados por velas o remos; y habrá carros […] E instrumentos pequeñísimos capaces de levantar pesos inmensos, y vehículos para viajar al fondo del mar.”

“[…] habló con gran claridad y nitidez del Anticristo […] Pero enseñó que hay una sola manera de prepararse para su llegada: estudiar los secretos de la naturaleza, utilizar el saber para mejorar al género humano. Puedes prepararte para luchar contra el Anticristo estudiando las virtudes de las plantas, la naturaleza de las piedras e, incluso, proyectando esas máquinas voladoras que te hacen sonreír.”

“[…] pretendía ilustrar las ideas de su Roger Bacon, quien afirmaba que una de las metas de la ciencia era la de prolongar la vida humana.”

“Bacon tenía razón cuando decía que la conquista del saber pasa por el conocimiento de las lenguas.”

“[…] Quizá no haya sido el hombre más sabio de todos los tiempos, pero siempre me ha fascinado la esperanza que animaba su amor por el saber. Bacon creía en la fuerza, en las necesidades, en las invenciones espirituales de los simples […] Los simples tienen algo más que los doctores, que suelen perderse en la búsqueda de leyes muy generales: tienen la intuición de lo individual. Pero esa intuición por sí sola no basta. Los simples descubren su verdad, quizás más cierta que la de los doctores de la iglesia, pero después la disipan en actos impulsivos. ¿Qué hacer? […] la tarea de los sabios es expresar con claridad conceptual la verdad implícita en los actos de los simples…”

“[…] Bacon creía que sí […] Pero para eso habría que estar seguro de que los simples tienen razón porque cuentan con la intuición de lo individual, que es la única buena. Sin embargo, si la intuición de lo individual es la única buena, ¿cómo podrá la ciencia reconstruir las leyes universales por cuyo intermedio, e interpretación, la magia buena se vuelve operativa?”

“[…] lo he hecho porque en otras ocasiones he tenido intuiciones individuales del mismo tipo. Sin duda, el que experimenta con las propiedades curativas de las hierbas sabe que todos los individuos herbáceos de igual naturaleza tienen efectos de igual naturaleza en los pacientes que presentan iguales disposiciones. Por eso el experimentador formula la proposición de que toda hierba de determinado tipo es buena para el que sufre de calentura, o de que toda lente de determinado tipo aumenta en igual medida la visión del ojo. Es indudable que la ciencia a la que se refería Bacon versa sobre estas proposiciones. Fíjate que no hablo de cosas, sino de proposiciones sobre las cosas. La ciencia se ocupa de las proposiciones y de sus términos, y los términos indican cosas iguales […] tengo que creer que mi proposición funciona porque así me lo ha mostrado la experiencia, pero para creerlo tendría que suponer la existencia de unas leyes universales…”

“En cierto libro se afirma que la única manera de tallar el diamante consiste en utilizar sangre de macho cabrío. Mi maestro, el gran Roger Bacon, dijo que eso no era cierto, simplemente porque había intentado hacerlo y no había tenido éxito. Pero si hubiese existido alguna relación simbólica entre el diamante y la sangre de macho cabrío, ese sentido superior habría permanecido intacto.”

“Me preguntarás de qué sirve dominar toda esa reserva de saber si se acata la regla que impide ponerlo a disposición de todos los demás. Pero por eso he hablado de lujuria. No era lujuria la sed de conocimiento que sentía Roger Bacon, pues quería utilizar la ciencia para hacer más feliz al pueblo de Dios y, por tanto, no buscaba el saber por el saber.”

Roger Bacon fue uno de los primeros en proponer el método científico moderno.

Si bien Roger Bacon es uno de los autores más importantes del siglo XIII en el campo de la filosofía de la ciencia, Guillermo de Ockham (1285-1349) lo fue de la siguiente centuria, en la que se sitúa la novela. A este fraile franciscano inglés se le conoce por el famoso dilema de la “Navaja de Ockham”, según la cual si un fenómeno puede explicarse de dos formas, la más adecuada es la más simple. Este principio es fundamental para el reduccionismo metodológico. También se habla de Guillermo de Ockham en “El nombre de la rosa”:

“«Salvo el instrumento para volar […] También pueden construirse puentes capaces de atravesar ríos sin apoyarse en columnas ni en ningún otro basamento, y otras máquinas increíbles. No debes inquietarte porque aún no existan, pues eso no significa que no existirán. Y yo te digo que Dios quiere que existan, y existen ya sin duda en su mente, aunque mi amigo de Occam niegue que las ideas existan de ese modo, y no porque podamos decidir acerca de la naturaleza divina, sino, precisamente, porque no podemos fijarle límite alguno.»”

“[…] Lo he discutido mucho en Oxford con mi amigo Guillermo de Ockham […] Sembró mi ánimo de dudas. Porque, si sólo es correcta la intuición de lo individual, entonces ser bastante difícil demostrar que el mismo tipo de causas tienen el mismo tipo de efectos. Un mismo cuerpo puede ser frío o caliente, dulce o amargo, húmedo o seco, en un sitio, y no serlo en otro. ¿Cómo puedo descubrir el vínculo universal que asegura el orden de las cosas, si no puedo mover un dedo sin crear una infinidad de nuevos entes, porque con ese movimiento se modifican todas las relaciones de posición entre mi dedo y el resto de los objetos? Las relaciones son los modos por los que mi mente percibe los vínculos entre los entes singulares, pero ¿qué garantiza la universalidad y la estabilidad de esos modos?”

Otros personajes reales de la ciencia o relacionados con ella son nombrados brevemente. Entre ellos se encuentran el sabio andalusí Averroes (1126 – 1198); Alberto Magno (1206 – 1280), figura representativa de la química; el intérprete de sueños Artemidoro (siglo II a.C.); e Isidoro de Sevilla (560 – 636), autor de “Etimologías”, una gran compilación de todo el conocimiento de su tiempo:

“[…] usaremos las ciencias matemáticas. Sólo en las ciencias matemáticas, como dice Averroes, existe identidad entre las cosas que nosotros conocemos y las cosas que se conocen en modo absoluto.”

“[…] Había un libro de secretos, escritos, creo, por Alberto Magno […] y leí ciertas páginas donde se describía el modo de untar la mecha de una lámpara de aceite para que el humo que de ella se desprenda provoque visiones.”

“Quisiera ser Artemidoro para poder interpretar correctamente tu sueño…”

“Si se coloca el cuadrante zodiacal en la periferia exterior, el orden es Tierra, Luna, Mercurio, Venus, Sol, etcétera, y luego la sucesión de los signos zodiacales según la secuencia tradicional, como la menciona, entre otros, Isidoro de Sevilla, empezando por Aries y el solsticio de primavera, y terminando por Piscis...”

Alberto Magno es una figura representativa de la química medieval, además de santo patrono de los científicos.

Incluso, sin nombrarlos, se adivina entre sus palabras a Paracelso (1493 - 1541) y su célebre frase “Nada es veneno, todo es veneno; la diferencia está en la dosis”:

 “Pero depende de lo que entiendas por veneno. Hay sustancias que en pequeñas dosis son saludables, y que en dosis excesivas provocan la muerte […] En mi huerto cultivo, por ejemplo, la valeriana. Pocas gotas en una infusión de otras hierbas sirven para calmar al corazón que late desordenadamente. Una dosis exagerada provoca entumecimiento y puede matar.”

“Has de saber […] que no hay plantas buenas para comer que no sean también buenas para curar, siempre y cuando se ingieran en la medida adecuada. Sólo el exceso las convierte en causa de enfermedad. Por ejemplo, la calabaza. Es de naturaleza fría y húmeda y calma la sed, pero cuando está pasada provoca diarrea y debes tomar una mezcla de mostaza y salmuera para astringir tus vísceras. ¿Y las cebollas? Calientes y húmedas, pocas, vigorizan el coito, naturalmente en aquellos que no han pronunciado nuestros votos. En exceso, te producen pesadez de cabeza y debes contrarrestar sus efectos tomando leche con vinagre […] En cambio, puedes comer ajo. Cálido y seco, es bueno contra los venenos. Pero no exageres, expulsa demasiados humores del cerebro. En cambio, las judías producen orina y engordan ambas cosas muy buenas. Pero provocan malos sueños. Aunque no tantos como otras hierbas, porque las hay incluso que provocan malas visiones.”

“[…] el límite entre el veneno y la medicina es bastante tenue, los griegos usaban la misma palabra, pharmacon, para referirse a los dos.”

También a Marco Polo (1254 – 1324) y la pólvora a través de la mención de una región asiática que éste visitó:

“Me han dicho que en Catay un sabio ha mezclado un polvo que, en contacto con el fuego, puede producir un gran estruendo y una gran llama, destruyendo todo lo que está alrededor, a muchas brazas de distancia. Artificio prodigioso si fuese utilizado para desviar el curso de los ríos o para deshacer la roca cuando hay que roturar nuevas tierras. Pero, ¿y si alguien lo usase para hacer daño a sus enemigos?


Como habréis podido observar, toda una amalgama entre Ciencia y Literatura difícil de superar. Y es que si cualquier aspecto científico se mezcla con ingredientes de fantasía, de imaginación y de intuición literarias, fluye la magia. Espero que os haya gustado.


Por Jesús @JGilMunoz 


Esta entrada participa en la LIX Edición del Carnaval de Química, acogido enHablando de Ciencia.

6 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Pues a mi me ha gustado, Jesús. Y mucho 😀

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    1. Muchísimas gracias, Cristina. He disfrutado mucho leyendo la novela y luego escribiendo el artículo. Un abrazo!

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  3. Soy de los que este libro me absorbió. Y lo hizo por muchas razones que no vienen a cuento detallar aquí. Ahí difiero un tanto de Jesús. Pero también tengo que decir que su artículo me ha hecho ver de otra manera esta gran obra literaria. Me ha abierto a otra dimensión de la que no era consciente. Gracias Jesús por ello. Tu estilo literario, científico e histórico impecable pero... Con la Iglesia hemos "topao" amigo Jesús.
    Enhorabuena

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  4. Después de leer este articulo tan interesante ,me ha entrado el gusanillo de leer el libro que gracias a ti Jesús,estoy segura me gustara mucho mas .

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  5. Después de leer este articulo tan interesante ,me ha entrado el gusanillo de leer el libro que gracias a ti Jesús,estoy segura me gustara mucho mas .

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